diumenge, 9 de juliol de 2017

LAS EXPEDICIONES ROMANAS AL CORAZÓN DE ÁFRICA


Escrito por Federico Romero Díaz



David Livingstone, Richard Burton, Jhon Speke, James Grant o Baker Stanley son algunos de los nombres, curiosamente anglosajones, que todos pensamos al tratar el tema de la exploración y el “descubrimiento” del interior del continente africano. ¿Estamos en lo cierto al hacerlo?. Por supuesto que no.

En las obras de Plinio, Tolomeo o Herodoto, encontramos los nombres de al menos cinco militares y exploradores romanos que más de 1700 años atrás iniciaron esta aventura.


Antecedentes

Con anterioridad al dominio romano del Norte de África hay constancia de expediciones de exploración de la costa africana. Según Herodoto, los fenicios,  a instancia del Faraón Necao II, emprendieron la circunnavegación de África partiendo del golfo Arábigo. La leyenda cuenta que al tercer año de viaje consiguieron alcanzar el estrecho de las Columnas de Hércules y penetrar en el Mediterráneo. El propio Herodoto duda de la veracidad del relato, aunque sí que hay certeza de que los fenicios, habituados a surcar el Mar Rojo, llegaron a las costas de Somalia, fuente de valiosas mercancías para el comercio como perfumes y animales exóticos.

El otro gran antecedente es la expedición de carácter colonizadora y comercial del cartaginés Hannon. Su expedición estaba formada por sesenta naves y casi treinta mil personas. Según la mayoría de los autores, por un problema de escasez en las provisiones, se piensa que no pasó del archipiélago de las Bissagas. Sin embargo otros sí que sostienen que llegó hasta el golfo de Guinea. En cualquier caso, parece cierto que Cartago exageró la importancia de la expedición para resaltar su poderío marítimo-comercial y su capacidad conquistadora.


Expediciones romanas al interior de África

Tras el establecimiento de colonias cartaginesas y el posterior dominio y ocupación romana de la parte más al Norte de África, se produjo un aumento del interés por conocer lo que había al sur del “Limes”, que se materializará en el sucesivo envío de expediciones.

Dos serán las motivaciones romanas para el envió de estas misiones. Por una parte está el lógico interés económico en descubrir cómo son las tierras de las que provienen mercancías tan valiosas como esclavos, animales, maderas exóticas, piedras preciosas, oro, etc. Por otro lado, debemos añadir la necesidad militar de asegurar la franja septentrional que dominan las incursiones de los pueblos nómadas que habitan al sur de sus fronteras, principalmente garamantes, nasamones, númidas, etc. Este último factor será el predominante en muchas de las incursiones que vamos a describir, que adoptarán así el carácter de campaña militar de intimidación, más que de conquista.

Podemos resumir en seis las grandes campañas romanas al corazón de África:


1.     Expedición de Cornelio Balbo, el Menor, Procónsul de África. Año 19 a.C.

Gracias a los textos de Plinio el Viejo en su Historia Natural sabemos que Cornelio Balbo:

            “Sometió las ciudades de Mellulen y Zala, así como Cydannus (Ghadamés). Después de éstas se extiende una larga cadena de este a oeste que ….. Más allá de esa alienación montañosa está el desierto y después una ciudad de los garamantes llamada Thelgore y también Bedir y Garama, la capital de los garamantes, lugares todos los cuales han sido sometidos por las armas de Roma, habiendo sido conquistados por Cornelio Balbo”.

A pesar de estas palabras Plinio el Viejo reconoce la falta de dominio real del territorio de los garamantes.

            “No obstante ha sido imposible abrir carretera en el país de los garamantes, porque los bandidos de esta raza tapan los pozos con arena”.

Ghadamés. Foto: Francesc Sánchez
Hay cierto consenso en pensar que Cornelio Balbo no llegó al río Níger, tal y como se afirma, sino simplemente hasta Fezzan, al Sur del Magreb. Lo que sí es un hecho comprobado es que, gracias a su viaje, a su vuelta a Roma fue honrado con una “ovatio”. Por las calles de la capital desfiló el botín de Libia y los prisioneros bereberes, acompañados de imágenes de las localidades indígenas sometidas, naciones subyugadas, oasis y accidentes geográficos.

No sabemos la fecha de la muerte de Cornelio Balbo, aunque sí es conocida su brillante carrera en los ámbitos militar y político. También sabemos que se dedicó a la escritura y que fue un activo constructor de edificios públicos en Roma y en su Gades natal, donde amplió la ciudad y ensanchó su puerto.


2.     Expedición de Cayo Suetonio Paulino. Año 42 d.C.

Es considerado el primer romano en atravesar el Atlas. Fue destinado a Mauritania en ese mismo año del 42 d.C. en calidad de “legatus legionis” con orden de suprimir una revuelta de las tribus mauritanas que se habían levantado contra Roma. Tras meses de duros combates los romanos vencieron a Aedemon, su líder. Los mauritanos, a pesar de la derrota, no accedieron a la rendición y se trasladaron al otro lado de la cordillera reanudando las hostilidades al siguiente año.

Plinio el Viejo en su obra “Historia Natural” (V,14-15) nos describe la expedición de Paulino al interior de África:

            “fue el primer jefe romano que cruzó la cadena del Atlas y avanzó una distancia muchas millas más allá….llegando al río Guir, a través de desiertos llenos de polvo negro, ocasionalmente rotos por promontorios de roca que parecen que hubieran sido quemados; una región que el calor hacía insoportable, aunque era época de invierno cuando la exploraron”

Paulino consiguió llegar hasta la actual región de la Hamada del Guir. Aportó una información clave a la geografía romana: la ruta idónea para cruzar la cadena montañosa y la situación de los accidentes geográficos de la zona.

Fue uno de los mejores generales de su época. Estamos hablando del que años después, entre el 60 y el 61 d.C. obtendrá la famosa victoria en la batalla de Wating Street, en la que los britanos encabezados por la rebelde reina Icena Boadicea o Boudica, fueron literalmente masacrados por las fuerzas de Suetonio Paulino, a pesar de una gran inferioridad numérica de las tropas romanas. El prestigio alcanzado gracias a la exploración del Atlas y a la victoria en Britania le reportarán el título de cónsul de Roma en el 66 d.C.


3.     La expedición de Valerio Festo. Año 70 d. C.

La expedición que casi cien años atrás había realizado Cornelio Balbo contra los garamantes no mantuvo a los turbulentos nómadas tranquilos por demasiado tiempo. Ya en el primer cuarto del siglo I d.C. se sublevaron junto al renegado Tacfarinas. Tras la derrota, una delegación de los nómadas solicitó el perdón del emperador Tiberio. De nuevo, en el 70 d.C. utilizando como pretexto una disputa territorial entre las ciudades de Leptis Magna y la actual Trípoli, se dedicaron a saquear el territorio romano.

Leptis Magna. Foto: Francesc Sánchez
Valerio Festo, legado de la III Legión Augusta fue el encargado de romper el asedio garamante a Leptis Magna, perseguir a los rebeldes y someterles. En esta tarea localizó un nuevo camino que ahorraba casi cuatro días de marcha hasta Garama, la capital del reino enemigo.

De lo que pasó después, poco se sabe, aunque la arqueología demuestra que a partir de las décadas finales del siglo I d.C. el reino garamante comerció regularmente con Roma. Esta evidencia unida al hecho de que  dieciséis años después, en el 86 d. C la siguiente expedición romana (la de Septimio Flaco) se dirigiera más hacia el sur, nos lleva a pensar en un posible apaciguamiento duradero del reino de esta tribu africana.


4. La expedición de Septimio Flaco. Año 86 d. C.

La fuente principal de información para esta expedición es Tolomeo que basa su obra en la de otro autor anterior, Marino de Tiro, que nos habla de la vida al sur del Ecuador, en África:

            Septimio Flaco partió de Libia con su ejército llegando hasta donde los etíopes, desde el país de los garamantes, después de tres meses de camino en dirección al mediodía”.

En cuanto al nombre de Septimio Flaco se debe mencionar que hay algunos autores que afirman que realmente era Suellio Flaco, nombre documentado en una inscripción.

Según lo que podemos deducir de los textos clásicos, el reino de los garamantes era el único estado organizado del África interior en época preislámica. Era notable su prestigio y riqueza, ambos confirmados por los hallazgos arqueológicos.

El objetivo oficial de la campaña era en este caso, castigar a la tribu de los nasamones llegando tras tres meses de camino en dirección al medio día, hasta la tierra de los etíopes.


      5. Expedición de Julio Materno. Año 90 d.C.

Julio Materno era el Gobernador de Numidia pocos años después de la incursión de Septimio Flacco. Domiciano le ordenó emprender la búsqueda de oro en el actual Sudán, llegando en el cumplimiento de su misión a la mítica Agisimba, en torno a las sabanas de la zona del Chad.

Tolomeo(I, 8, 4) en su libro “Geografía” nos cuenta:

            “Partió de Leptis Magna y escoltado después de Garama (Djerma) por el rey de los garamantes que iba a hacer la guerra a los etíopes. Después de cuatro meses en marcha siempre en dirección al mediodía, llegó al país de Aguisimba, en Etiopía, lugar donde se encuentran los rinocerontes”.

En el volumen I del “Imperio Romano” de Joel le Gall se nos cuenta que es factible que de ese viaje proviniera “un rinoceronte bicorne, una especie muy diferente de la que se cazaba en el Alto Nilo. Una moneda de Domiciano y epigramas de Marcial recuerdan el sorprendente espectáculo que fue la lucha de este rinoceronte contra otras fieras en la arena del Coliseo”.


6. La expedición enviada por Nerón. Años 62-67d.C.

El origen de las fuentes del Nilo siempre había intrigado en Roma, incluso en los tiempos de Cesar o Augusto. Este último llegó a emitir una moneda con el rostro de Cesar, el título de “Aegypto capta” y la imagen de un cocodrilo como símbolo del país.

Es la expedición romana más famosa a África. Sabemos que Nerón, siendo joven estudió bajo la tutela de Queremón de Narucratis, hierogramateus de los sacerdotes egipcios y director de la Biblioteca de Alejandría, despertando en él su interés científico y geográfico. Séneca, su tutor y persona de confianza en el gobierno de Roma también pasó parte de su juventud en Alejandría donde, entre otras cosas, estudió geografía y etnografía de Egipto y de la India y desarrollaba su interés por las ciencias naturales, en las que, según Plinio el Viejo destacaría por sus conocimientos de geología, oceanografía y meteorología. En conclusión, las dos personas más poderosas de su tiempo compartían conocimientos e interés por Egipto y su gran río.


Mapa de Ptolomeo. Reproducción S. XIV -XV

Será el propio Séneca en una de sus obras ”Cuestiones Naturales” el que ponga por escrito la información que le dieron dos de los centuriones enviados a la búsqueda de las fuentes del Nilo :   
  
            “Llegamos a unos enormes pantanos, cuya extensión desconocen los propios naturales y que es imposible averiguar. Las plantas acuáticas allí están tan enmarañadas, que nadie podría medir la superficie de aquellas aguas, ni a pie, ni en barca. Incluso si esta fuese tan pequeña que solo cupiese en ella un hombre, no lograría avanzar en aquella espesura….Vimos allí dos rocas, por entre las cuales el río despeñaba con gran ímpetu.”

Del relato se desprende que Nerón envió al menos una expedición, aunque no podemos negar la posibilidad de que fueran varias. Estos centuriones ayudados por el rey de Etiopia y recomendados a los reyes vecinos, consiguieron avanzar, remontando el Nilo Blanco y llegando a la zona del Sudán, llamada “Sudá” que significa “barrera”. Se trata  de una zona pantanosa de miles de kilómetros cuadrados de extensión.

Además de Séneca, tenemos otra excepcional fuente, Plinio el Viejo que nos habla de una expedición hacia el Nilo mandada por Nerón y nos aporta nuevos datos como  el año de su comienzo que fue el 66 d.C., su carácter militar al estar integrada por pretorianos dirigidos por un tribuno y por último, que el grupo llegó hasta la actual presa de Asuan, cartografiando las ciudades y accidentes geográficos de la zona.

Desconocemos si la búsqueda de Nerón de las fuentes del Nilo fue un éxito. Sin embargo, sí que sabemos que Tolomeo (entre el año 100 y el 170 d.C.) en su obra “Geografía”, describe con todo detalle el curso del Nilo y curiosamente ya aparecen los dos brazos del río y su origen en unos grandes lagos. Al parecer Ptolomeo recogía la información de un autor anterior, Marino de Tiro, que a su vez fue informado por un marino y comerciante griego llamado Diógenes. Sabemos con certeza que el griego viajó desde la costa del Índico o desde la costa africana del Mar Rojo, hacia el año 100 d. C. hasta la región interior de los grandes lagos Victoria y Alberto, de los que nace el gran río. También dio testimonio de los famosos “Montes de la Luna”, cuyas nieves alimentan los lagos y que hoy se llamaría el Ruwenzori. Así lo testimoniará la cartografía desde el tardío siglo XIV, momento en el que se publicará la “Geografía” de Ptolomeo.


Conclusión

Remontándonos en el tiempo hemos conseguido adelantar en 1700 años al famoso viaje de Richard Burton, Speke y Stanley. Solo reencontraron las fuentes del Nilo ya que realmente fue Diógenes, el comerciante griego del que hablan Marino de Tiro y Ptolomeo, el verdadero descubridor de las fuentes del Nilo.

El interés por conocer y explorar el corazón del continente africano siempre ha estado ahí y antes que los famosos exploradores anglosajones, fueron muchos los que dejaron sus huellas en esos remotos lugares de África. Los fenicios, desde sus exploraciones costeras y los romanos con sus expediciones terrestres, abrieron el camino a los que, muchos siglos después, la “historia oficial” ha otorgado el título de grandes exploradores de África.

Espero que tras este artículo, estos pioneros, auténticos descubridores del interior de África, dejen de ser unos desconocidos y que sus logros formen parte de los anales de nuestra historia.


 Bibliografía

- Las ciudades perdidas de Mauritania: expedición a la cuna de los almorávides. —Mauricio Pastor Muñoz; Manuel Vilar Raso. Ed. El legado andalusí, 1996. 
- El Sahara: tierras,  pueblos y culturas. — Manuel Julivert. Ed Universitat de Valencia. 
- El sueño de África. —Javier Reverte. Ed. Plaza&Janés, 1996.
- Viajes por el antiguo Imperio Romano. —Jorge García Sánchez. Ed Nowtilus, 2016. 
- Viajes y cambios de residencia en el mundo romano. —José Mª Iglesias Gil. Ed. Universidad de Cantabria.
 - Geografía. —Ptolomeo. 
- Geografía. – Herodoto.
- Historia Natural. – Plinio el Viejo.
 - Cuestiones naturales. —Séneca.